Vientos de ira
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Hay novelas que, desde la primera escena, te colocan en una situación de
desasosiego difícil de abandonar. «Vientos de ira», de Mayte Magdalena,
arranca ...
Hace 2 días.
En el tiempo de las mariposas (Punto de Lectura, 2004) es una novela que tiene como protagonistas a las hermanas Mirabal (Minerva, Patria y Teresa; una cuarta hermana, Adela “Dedé Mirabal sobrevivió para contar los sucesos en la ficción)) y su lucha contra el trujillato que les costara la vida, pero cuyo martirio no fue en vano. Supe por primera vez de las monstruosidades de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo gracias a la magistral novela de Vargas Llosa, La fiesta del chivo (2000). En Latinoamerica abundan las novelas sobre dictadores (ergo también abundan esta clase de sátrapas), unas mejores que otras (la de Julia Álvarez no es la mejor técnicamente hablando), pero si están escritas con honestidad, y no por mero afán comercial, son necesarias para no volver a cometer los mismos errores ni tolerar esos regímenes autoritarios. Un hecho curioso: hace algunos días sintonicé de casualidad los instantes finales de la adaptación cinematográfica de este libro (aquellos que van desde el encierro de las Mirabal –y de sus esposos y amigos– hasta su ejecución). Cuesta ver y escuchar a una Salma Hayek, entre otros actores mexicanos, perorando en inglés.
No recuerdo exactamente cuándo tuve conocimiento de la trilogía de Stieg Larsson. Quizá fue cuando anunciaron en España la publicación del tercer libro o cuando leí las cifras de infarto que convertían al fallecido escritor sueco en un autor de best-sellers, fama que lamentablemente no llegó a disfrutar en vida. Confieso, en mi ignorancia, que el rótulo Los hombres que no amaban a las mujeres (Destino, 2007) me sonaba a título de libro de autoayuda y que para mí ostentaba -y aún ostenta- una espantosa portada, salvo mejor opinión. Con el correr de los días, la lectura muy por encima de las reseñas que le dedicaban a Millennium terminó por capturar mi interés. A partir de ese momento empezó la interminable cuenta regresiva hasta ver en librerías limeñas los libros de Larsson (¡y vaya que se hicieron esperar!) y mi negativa a leer lo que decían otros lectores sobre cualquiera de ellos. Eso sí, ya identifiqué las entradas que los amigos bloggers le han dedicado; las leeré cuando concluya con la trilogía.
Hubo un domingo que leí como enajenado Millennium I. Tengo registrados el número de páginas. Un caso excepcional, sin duda, pero de los que no son pocos en mi experiencia como lector, ya que la novela tardó en despegar. Luego vería la película con el riesgo de ponerle el rostro de sus actores cuando lea los dos libros restantes, cosa que no me ha pasado ya que los pormenorizados retratos que Larsson hace de la indestructible Lisbeth Salander y del periodista Mikael Blomkvist, entre otros personajes, evitan que mi imaginación claudique ante cualquier suplantación venida de la pantalla grande. Los malabares que han hecho con el guión para presentarnos a un Mikael casi monógamo y las incontables licencias que incluyen un flashback tomado del segundo libro me han hecho pensar si debería ver Millennium II. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, (Destino, 2009) es hasta ahora mi novela favorita de la saga. De ritmo trepidante, hace que uno pase por alto sus defectos estructurales y las morosas descripciones.Etiquetas: Libros y autores
Quiero creer que soy un lector poco prejuicioso. Que lo que puede pasar a ojos de terceros como prejuicios son más bien preferencias, y por tanto tengo gustos simples y en ocasiones un tanto excéntricos o poco comunes. Si todo este rollo es cierto o no, me quedan aún varios años por averiguarlo. A lo mejor dé con la respuesta al final de esta entrada.
Ayer, ya mejor de salud, y con la ilusión a flor de piel de que este 2010 las cosas se tornasen más balanceadas en cuanto a mis lecturas, acudí a mi primera compra de libros del año con algunos títulos en la mente pero siempre llano a sorprenderme y ensanchar mi parnaso literario. Dos títulos que vienen dándome vueltas en la cabeza son El corazón helado, de Almudena Grandes, quien es una vieja –dicho con respeto– conocida (¿alguien más leyó o vio Las edades de Lulú?, digan que sí), capaz de balancear lo balanceable y Saber perder, de David Trueba (un desconocido por conocer). Sé en qué librería puedo encontrar ambas novelas, pero mis pasos me dirigieron en la dirección contraria, a Quilca, dispuesto, como dije, a dejarme sorprender.
Para los interesados, en Quilca vi dos títulos de la flamante Nobel Herta Müller, editados por Siruela, tapa dura. Una autora por conocer, sin duda, pero cuyos libros no me convencieron, en todo caso quién sabe más adelante supere lo cortitos que son y… Sí, no hubo sorpresas. Cedí a mis preferencias, a mis gustos, a mis tentaciones, que no prejuicios. Al final me llevé ¿Por qué La palabra del mudo?
“Porque en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida están privados de la palabra, los marginados, los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía y sin voz. Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias”.
(De una carta del autor al editor, el 15 de febrero de 1973).
No quiero cerrar el capítulo 2009 sin darles las gracias a todos los que ensancharon mis lecturas gracias a sus recomendaciones directas e indirectas (leyendo parte o el total de sus reseñas o sus intercambios de comentarios). La lista también es larga y en el plan infinito están los españoles arriba nombrados y otros tantos por descubrir. Para todos ustedes mi eterno agradecimiento y lo siguiente:Etiquetas: Libros y autores