Es difícil descubrir los propios prejuicios, que se afincan en la mente acompañados de una especie de soberbia, no me explico de qué extraña manera. Esos enanos se instalan allí como absurdos dictadores, y uno los acepta como verdades reveladas. Muy de tanto en tanto y por algún accidente o azar uno se siente obligado a revisar un prejuicio, discutirlo consigo mismo, levantar una punta y mirar a través y atisbar cómo es la realidad de las cosas. En esos casos es posible desarraigarlo. Pero quedan en pie todos los demás, disimulados, llevándonos desatinadamente por caminos erróneos. Mario Levrero, La novela luminosa, DeBolsillo, 2009, p. 74
Hace unos días terminé de leer La novela luminosa (2005) de Mario Levrero (1940 – 2004). El año pasado me decidí a leer a este escritor uruguayo a raíz de una serie de comentarios elogiosos en los blogs de Gustavo Faverón, Mario y El librero humanoide. Pude conseguir su Trilogía involuntaria (DeBolsillo, 2008) y disfruté de sus 3 novelas cortas de estirpe kafkiana: La ciudad (1970), París (1980) y El lugar (1982). Luego de esta feliz experiencia quise ahondar más en su obra, pero reaccioné tarde cuando me enteré que la reedición de su afamado libro póstumo había pasado por librerías limeñas de manera fulgurante. En esa época, los pocos ejemplares en venta volaron. Tuvo que pasar cerca de un año para poder conseguir este y otro libro (El discurso vacío acaba de ser comentado en el blog de Oesido), también en DeBolsillo. Créanme, valió la espera.

La novela luminosa es un libro curioso e inspirativo. Curioso porque la primera parte se titula Prólogo. “Diario de la beca” que, en mi edición económica de letra pequeña, consta de 449 páginas. ¿Un prólogo de cerca de 500 páginas? No tanto así, sino más bien el diario que el escritor uruguayo llevó durante un año (entre  Agosto de 2000 y Agosto de 2001). Confieso que desde hace muy poco me resultan atrayentes leer los diarios de los escritores. El género diarístico nos permite acceder a la intimidad de un creador, a sus rutinas, obsesiones y universo onírico. De alguna manera es un espejo ampliado en el cual nos reflejamos, en el que comparamos nuestras cotidianeidades y encontramos ciertos, muchos, puntos de encuentro. Particularmente me resultó un placer leer las correrías de su protagonista -que no es otro que el propio Levrero- a la caza de novelitas policiales y sus conexiones telepáticas con cierto librero de viejo.

Comentar y divagar en este blog sobre todas las citas que apunté de este excelente libro (la foto con esas 3 ediciones de La novela luminosa la encontré aquí) daría para un centenar de posts, y no exagero. Ojalá reediten más títulos de este gran escritor y yo los pueda conseguir acá, en el formato que sea. A continuación, inspirado por la cita que da comienzo a este post, y sin pensarlo dos veces, haré un pequeño recuento de mis prejuicios literarios que espero desarraigar algún día; aquellos que llevan anclados una eternidad  -y de los que estoy a años luz de vanagloriarme- y los que de tanto en tanto se volatilizan a la hora de escoger un libro, aunque al final un “te lo dije” admonitivo me acompañe por días, semanas. Descuiden, no se trata de una lista kilométrica, o eso quiero creer.

***

Yo no puedo vivir sin leer. Salvo indisposición física, me es imposible pasar un día sin abrir las páginas de un libro. Mi desconexión mental de la realidad circundante incluye un fuerte lazo con el mundo de la ficción. Las pausas que dejan otra clase de placeres -más mundanos, carnales o incluso considerados celestiales- las aprovecho sumergiéndome en la lectura. Se da el caso que cuando no tengo el efectivo necesario para adquirir alguna novedad editorial o libro recomendado, me paseo por las mesas de saldos de librerías y libreros de viejo, y es allí donde mayormente me confronto con mis prejuicios:

Me lo pienso dos veces antes de leer (para efectos de este post tomen leer como sinónimo de comprar) un libro catalogado dentro del rubro "literatura juvenil". Nunca me han gustado los libritos que especifican el rango de edad para ser leídos (de 5 a 7 años, de 7 a 10, de 0 a 100). Me hacen sentir al margen, fuera del festín, no porque tenga 101 años de edad sino porque un prejuicio se activa en mí que me impide disfrutarlos. Si alguna vez leí los espléndidos cuentos de Wilde que proliferan en cuchicientas antologías, habidas y por haber, pensadas en los infantes, fue gracias a que la austera tapa de mi ejemplar de El ruiseñor y la rosa no delimitaba ni aconsejaba la edad del posible lector, ni pertenecía a una colección infantil o juvenil.

Me lo pienso dos veces antes de leer un libro en cuya portada se luzcan niños. Debe ser un rezago del prejuicio anterior. Nada dice que un libro que ostente como carátula algún mozalbete trate sobre ese mozalbete o sus pares; es más, uno de los mejores libros que leí el año pasado, El olvido que seremos, tiene en su portada, a modo de homenaje, la foto de cuando niña de la hermana fallecida del escritor colombiano, pero sin duda ya sabía su contenido.

(El 2009, también, me lo pensé mucho antes de leer La ladrona de libros, de Markus Zusak. Cierto tono oscuro en la edición económica contribuyó para su adquisición -¡juro que no estoy loco!- y vaya que me gustó la novelita: una buena combinación de personajes de diferentes edades, algunos de ellos entrañables, y una temática muy humana y hasta cierto punto original; el narrador es nada menos que la muerte.)

Prácticamente tengo vetadas las novelas de aprendizaje (también conocidas con el término alemán bildusgroman). Aplazo infinitamente leer historias noveladas de adolescentes. Debe ser por eso que no disfruté leyendo La soledad de los números primos, ya que gran parte de la historia se aboca en configurar las personalidades de sus protagonistas de niños y adolescentes (arrastrarán sus traumas hasta la edad adulta). Antes gustaba  de este tipo de novelas. Dos ejemplos: La Habana para un infante difunto, de Cabrera Infante y Las batallas en el desierto, cuyo autor, José Emilio Pacheco, me lo autografió. Así como hubo un período en que me gustaba leer sobre las cuitas ficticias de un escritor en ciernes, ahora prefiero leer los diarios y memorias de los escritores de carne y hueso.

Me considero algo cursi. Quien haya disfrutado de las novelas romanticonas de Alfredo Bryce Echenique no puede dejar de sentirse cursi, huachafo y sentimental; pero de ahí a leer un libro promocionado como la “historia de amor jamás contada”, o algo por el estilo, es algo que me lo pienso muchísimo. La pasión amorosa debe ser una de las materias primas más socorridas de la literatura en general, así que toda mención grandilocuente a su temática sólo me genera rechazo, igual me pasa con las portadas que incluyan cupidos, corazones y parejas dolientes.

Me lo pienso dos veces antes de leer un libro de título extenso o que incluya palabras cargadas de drama y tragedia (salvo que sea en tono paródico). Me lo pienso dos veces antes de leer libros de menos de cien páginas. Los que bordean las 150 (número ideal para un colección de relatos) sólo los leo si es de un autor conocido por mí o si cosechan  o han cosechado críticas favorables. Como ejemplo, Roberto Bolaño sólo tiene dos novelas extensas: Los detectives salvajes y 2666; dos llamémosle de mediana extensión: La literatura nazi en América (si se le puede denominar novela) y La pista de hielo; pero tiene geniales nouvelles como Estrella distante, Nocturno de Chile y Una novelita lumpen. Desconfío de los libros de cuentos de más de 300 páginas (tengo el prejuicio de que incluyen demasiado ripio; que no ha habido una adecuada selección, discriminación), salvo que se trate de alguna antología de autores, o relatos reunidos o completos de un determinado escritor. Hace poco me enteré que la colección Otra vuelta de tuerca de Anagrama ha reunido en un solo ejemplar los 3 libros de cuentos de Bolaño. Una buena opción para iniciarse en su lectura.

Me lo pienso mucho antes de leer la ópera prima de un autor local. Antes no era así. Allá por el 2004 hubo una especie de boom: muy buenos jóvenes escritores de primeros libros, pero la cosa, a mi entender, se fue eclipsando. Relego -hasta cuando me informe medianamente- los libros de los autores desconocidos. Una manera para mí de descubrir un autor es gracias a los premios que otorgan determinadas casas editoriales (Seix Barral, Planeta, Alfaguara, etc.). Aún no veto los premios Planeta, pese a su discreta calidad. Es más, tengo en lista de compra la novela que se alzó con el premio el año pasado, también la finalista. Me lo pienso dos veces antes de leer novelas policiales, de ciencia ficción y best-sellers. No tengo a estos géneros como prioridad, pero sí llego a disfrutarlos (el primero lo tomo como un reto personal). Soy de dar segundas y hasta terceras oportunidades a un autor (cuando la cosa queda empatada). Una quinta oportunidad le di a Doris Lessing y me quedé en un limbo.

Hasta aquí la lista de mis prejuicios flexibles, no válidos para mis escritores favoritos (estos tienen carta libre). Leerle a mi ahijado libros para su edad (inesperadamente sentirme con menos años); encontrarme leyendo un policial del que solo hablan maravillas; pasar por alto cierta portada estrambótica o que me genere una prevención machista  porque su contenido intuyo grato, ameno, interesante; obviar un título efectista para disfrutar de todo lo demás; o simplemente dejarme llevar por un best-seller que no implica mayor esfuerzo pero ¡cómo cuesta soltarlo! de lo enganchado que estás, contribuye a que no les diga nunca a este tipo de libros. De cuando en cuando aterrizan en mi mesa de noche y me sorprenden.

Mi prejuicio más tenaz es el que tiene que ver con los libros de auto ayuda. Bastó la lectura de uno de ellos para que por los siglos de los siglos me niegue a abrir cualquiera que se les asemeje. De ahí mi ofendido rostro cuando vi un Paulo Coelho a escasos centímetros de mis ojos, o cuando me hablan de los libracos de Sergio Bambarén o Cuauhtémoc Blanco... (ah no, ese es el futbolista), quise decir de Cuauhtémoc Sánchez. Yo, paso.

¿Me cuentan sus prejuicios librescos?

26 comentarios:

Vero dijo...

Una entrada excelente, muchas gracias, de verdad.
Pues tengo ciertos prejuicios al leer, algunos como los tuyos: los títulos extra largos, las novelas "para adolescentes", los de autoayuda, los de Lucía Etxeberría, los bestseller y muchos más, no me van. Eso sí, intento darles a todos una oportunidad para reafirmarme o cambiar mi opinión.
Felicidades por la entrada,

Saludos.

Pollo dijo...

Hola R.!

Coincidimos en varios de los prejuicios. En algunos no, como en no leer libros de menos de 150 páginas. Cuando el hambre aprieta y no hay billete, leo lo que sea jeje.

Y veo q coincidimos en los Diarios de Cheever y Kafka, este último es excelente. A mi también me gustan mucho los diarios y libros de cartas. Creo que algún día debería haber un post al respecto.

mario skan dijo...

Prejuicios ? . No puedo leer las trilogías, aunque sean geniales, como la del señor de los anillos, o al del la chica del bidón de gasolina etc. Acá en argentina hay una que escribió una tal Bodoc, tampoco. Pero no es que me desagraden, las encuentro interminables o no enganchables. Con Coelho me paso lo mismo, una profe de lit de la escuela lo daba como material de lectura y no pude contenerme: coelho ? why ?....ja
Inconscientemente busco para leer escritores y no escritoras salvo que estas no estén reconocidas hasta por maradona, sé que piedo mucho pero son los prejuicios.
saludos

Anónimo dijo...

Muchos muchos... no leo novelas juveniles, (o en rara ocasión), ni novelas rosas, paso de la ciencia ficción, de los libros de autoayuda y en general, de las novelas muy famosas en mi poco tiempo (a veces las leo para poder criticarlas a gusto).

Luego, de autores, tengo más prejuicios: no aguando a Ruiz Zafón, a Paulho Coelho o a Pombo. Paso de Roberts y compañía.

De longitud... como tú, desconfío de un libro de menos de 150 páginas, y los libros de relatos no me acaban de convencer. No me gustan las novelas con dibujos/ilustraciones o lo que sea y leo best-sellers con el propósito de engancharme (porque no dan para más, leñe)

Creo que así, en resumidas cuentas, esto es todo. (leí un libro de un escritor de mi localidad y tuve que dejarlo, no puedo con la literatura que quiere demostrar lo mucho que sabe el autor, me da asco).

¡Saludos!

R. dijo...

Vero: No eres la primera persona que ha pasado por este blog para expresar que Lucía Etxeberría le produce tirria. Se me ha redoblado la curiosidad por leer algo de esa escritora. Pero bueno, aún no es prioridad. Si el azar me lleva a leerle algo, normal.

Pollo: Tranquilamente podemos elaborar -seguir con la lista ya iniciada- una antología de novelas cortas de lectura imprescindible.
Anímate a hacer el post sobre diarios y cartas.

Mario: Igualmente, de forma inconsciente busco más escritores que escritoras. Por eso visito vuestros blogs para informarme mejor acerca de escritoras de valía. ¡De lo que nos estaremos perdiendo!

Lahierbaroja: Yo también me animo a leer ciertos best-sellers o libros de moda por el gusto de meter mi cuchara -casi siempre la voz discordante- y es que parece que nadie se queda sin leerlos.

Gracias a todos por contar sus prejuicios. Por un momento pensé que era el único con tantos reparos a la hora de escoger un libro para leer.
No es fácil ser lector, jeje.
Nos leemos,
R.

Anónimo dijo...

Mucho post que comentar... grata coincidencia con Levrero, tus palabras me refirman en las ganas de leer la novela luminosa. "Cursi, huachabo y sentimental"; me ha hecho mucha gracia, es la versión americana del "feo, católico y sentimental de Valle-Inclán". La primera reacción a los perjucios de los otros es el consuelo de saber, aplicado a los propios, que uno no es el único zumbado que circula por las avenidas con apariencia de total cordura. Me gustan los diarios y autobiografías de escritores; no soporto las obras de iniciación; no soporto libros o películas en las que sufran menores de edad (sin sentir por otra parte especial cariño por estas abominables criaturas menudas); experiencias pasadas me hacen tener un apego absurdo a determinadas editoriales: a favor, Anagrama; en contra, Alfaguara o Seix Barral; empiezo a acercarme a Mondadori. No soporto el mal estado de los libros; doblar una esquina para recordar un punto de lectura me parece un delito punible con pena de muerte literaria; de un escritor desconocido me atrae o me aleja un nombre comercial (vaya como los actores de cine) etc. etc. no quiero ser pesado.

Anónimo dijo...

Perdón, se me olvidaba mi mayor prejuicio: No leo libros de escritores publicados post mortem. Me pasó con Carver, con Bolaño (cuantos libros le quedarán...) y ahora con el manuscrito de Nabobov. Las más de las veces constituyen un trapicheo lamentable. Claro, que se me puede contestar que por ese camino nunca conocería a Kafka....

Isi dijo...

Bueeeeno, y decías que no tenías muchos prejuicios!! jajajja
Pues yo los juveniles tampoco los leto, pero tengo la sensación de que serán como los bestsellers, es decir, que me pueden gustar y enganchar, lo que pasa es que aún no he probado.
Jamás he leído un diario de ningún escritor.
Y los de autoayuda, confieso que hay unos que se catalogan en este ¿género? de un hombre llamado Brian Weiss que me han gustado mucho. Es porque es psiquiatra y cuenta una historia que le sucedió de verdad. (¿eso cuenta como autoayuda?).
En fin, me encanta tu colección, y no conocía a Livrero: menos mal que lo mencionas, porque capaz soy de verlo en una librería y escribir a la editorial para decir que han cometido una falta de ortografía con la V... ;)

Isi dijo...

Levrero, si es que la falta la pongo yo!!

R. dijo...

Oesido: Curiosamente La novela luminosa apareció un año después de la muerte de Levrero y nada menos que en la editorial Alfaguara Uruguay. Qué bueno que puedas conseguir la edición de Mondadori y pases por alto el hecho que se trate de una publicación póstuma.
Indudablemente, los más beneficiados con los libros póstumos son los "herederos", y en muchos casos no crean nuevos lectores, sino más bien los ahuyentan o fanatizan. En el caso de El Tercer Reich, de Bolaño, se tejen muchas conjeturas que justificarían su puesta en venta.

Isi: Francamente no sabía que tenía tantos prejuicios. Fue cosa de empezar a recordarlos y no parar de escribir, jeje.
No he leído nada del señor Brian Weiss. Desconozco mayormente todo lo relacionado a la autoayuda. (Uy, acabo de leer algunos títulos: Eliminar el estrés (+CD), Los mensajes de los sabios, Lazos de amor... Brrr!!!)
Al final, uno es libre de leer lo que le plazca.
¡Ah! El nombre real de Mario Levrero era Jorge Varlotta. Ojo, con doble "t". ;)

Creo que en mi próximo post, para compensar la cosa, tendré que divagar sobre mis gustos literarios. Nada sofisticados, creo...
Y Gracias a ustedes también por compartir sus prejuicios.
Saludos,
R.

Isi dijo...

El de Los mensajes de los sabios es el primero que leí y me gustó. Como se basa en su experiencia de psiquiatra, no parece de autoayuda: él cuenta cómo trató a una chica que padecía unas fobias terroríficas (de esas que no la permiten vivir como una persona más o menos normal, como miedo a meterse en una piscina, por ejemplo).
En fin, ya sabes que para gustos... A mí me impresionó, la verdad.

lammermoor dijo...

Aquí van algunos de mis prejuicios literarios: El premio Planeta,-prejuicio declarado.Tengo prevención hacia los premios en general, pero el Planeta lo tengo vetado.
Cuando un autor me cae mal, no leo su obra: véase Cela, Sanchez Dragó, Lucía Etxebarría.Con Almudena Grandes haré una excepción porque según decís El corazón helado lo merece.
No soporto las novelas "de amor" (léase cursis, pastelosas; porque de grandes historias de amor está llena la literatura)
Me produce rechazo cualquier obra a la que se le de muchísima publicidad.O que como muestra de su "calidad" digan que ha vendido tropecientos mil ejemplares, o "del autor de..."
Tampoco me gusta leer a un autor porque sea "de culto". De ahí mi empecinamiento en no querer leer el ULises.
Y seguro que tengo algún otro prejuicio pero ahora no lo recuerdo. Ah, sí: me dan repelús esas novelas pseudohistóricas de intriga misteriosoamorosa que tan de moda están ahora. Por ello, miro displicentemente a las pilas de esos volúmenes que se exhiben en cualquier librería.
Iré pensando en mis gustos para cuando hagas tu post.

R. dijo...

Isi: Por el momento paso de Weiss, pero me inicio con Zweig, autor que cada tanto recomiendas en tu blog. ;)

Lammermoor: Yo supongo que pronto dejaré de leer los premios Planeta.
Efectivamente, ya nos habías comentado tu lista de autores que te caen pésimo (yo tengo en compás de espera un libro de Lucía Etxevarría, que encima ganó el Planeta, jeje).
Dudo que El corazón helado de Almudena Grandes te defraude, salvo que también te hayan recomendado otro.
Mira tú, tanto Levrero como Bolaño son catalogados como autores de culto. Los dos escribieron sus mejores libros (publicados póstumamente) luchando contra la enfermedad. Pero no hay que hacer caso a las etiquetas, creo.
Abril es el mes ideal para hablar de nuestros gustos literarios.
Yo este viernes me pasearé por una pequeña feria y una vez más llevaré mis prejuicios. A ver si paso por encima de algunos.

Saludines a las dos,
R.

Isi dijo...

Acabo de ver tu libro de Zweig. Creo que es el mismo que tienen mis padres, pero el suyo está que casi lo tocas y se desintegra de lo viejo que es ;)

R. dijo...

Isi: De pura casualidad encontré ese ejemplar bien conservado (todas sus hojas están intactas y bien cosidas) en un puesto de libros de segunda que no suelo visitar. Entré porque me llamó la atención el michi que se paseaba encima de la mesa con los libros expuestos: quería tomarle una foto y se bajó al toque, pero alcancé a ver el libro de Zweig. :)

Anónimo dijo...

r:
¡nahhhhhhhhhhh! no son tantos tus prejuicios...jajaja ¿quién no los tiene? .Ya viste que todos los que han escrito y yo no me quedo atrás. Debo confesar que no no quería leer a Harry Potter. Mi hija mayor era muy pequeña cuando comenzaron a salir (como para leerlo) y a mi me daba flojera leerle un libro tan largo (digo, para dormirla). Que se convirtió en éxito de ventas y yo tan tranquila. Pero una vez que leí el primero no hubo quien me detuviera.
Me he dado cuenta de que no leo ciencia-ficción, de terror y novela negra. Y de esta última leí muchos hace algunos ayeres pero no he vuelto a tocarlos.
Los de la universidad (que son "A FUERZAS") han logrado lo que ninguno había podido: hacerme dormir. Les tengo repeluz a lo que le llaman ahora "chick-lit" (literatura para chicas ligera) o romances.

El Guisante dijo...

Genial la entrada R
mi mayor prejuicio, haber creído durante un tiempo que no los tenía.

Creo que los he sufrido casi todos, no a depende que premios, no al autor recién premiado, no al betseller, no al que está hasta en la sopa, no al que sale tras el éxito de la película.

Lo cierto es que leer vuestros blogs suele ser una buena cura, para intentar leer otros más allá de pre-juicios.

Me reconozco en lo que dices de autores favoritos, aquí me lo leo todo, jajaja.

Y puedes ser todo lo huachafo que quieras, después de haberme descubierto a Echenique.

(Yo no tengo autógrafos, pero si consigues el de Vargas Llosa en la fiesta del Chivo, te lo robaría, jejeje)
Maribel

Diana dijo...

Einstein dijo: "Es más fácil la desintegración de un átomo que la desintegración de un prejuicio". Empezando con esto, lo reconozco, yo también peco de prejuicios: huyo de las novelas policíacas en general, de novelas juveniles, de la historia. Es una pena, porque así nunca sabré qué me pierdo.
Aquí está mi primer comentario en tu blog, aunque lo haya estado siguiente desde hace bastante. Lo único que puedo decir es que me encanta. Ver tus fotos, con tantos y tantos libros, me da ganas de seguir leyendo, aunque sea el peor libro que haya pasado por mis manos y, he de admitirlo, también un poquito de envidia. =)
Saluditos

R. dijo...

Ale: Qué bueno que superaste esos prejuicios que te alejaban de la saga de Harry Potter para luego disfrutar de sus libros.
Yo tengo en la mira una novela de la reciente Premio Nobel que tanto por su portada como por su temática y extensión, no debería leerla según mis prejuicios. A ver si mañana o el sábado me decido a comprarla para leerla. Ya les contaré cómo me fue.
¿Sabes qué es bonito? Pues quedarse dormido con un libro abierto sobre el pecho, o que se nos haya escurrido de las manos, no por lo tedioso que es sino por fatiga, cansancio. A veces, por más que estemos atrapados en los dominios de la ficción, el sueño se impone para recuperar fuerzas.

Maribel: ¡Chócatela, entonces!, porque si no fuera por Murakami, tendría bastante relegada la literatura fantástica. Si no fuera por Pamuk, tal vez me lo pensaría bastante si otro autor hubiera escrito, por ejemplo, Me llamo Rojo, que combina el género policial, negro y el histórico.
A propósito de Bryce y lo huachafo, un personaje de su novela La vida exagerada de Martín Romaña dice que nada logra borrar el huachafo profundo que todos los peruanos arrastramos en el alma.
Intentaré desarrollar un plan a mediano plazo para interceptar al laureado escritor arequipeño y pescar su firma. Yo me dejo robar nomás, si los Guisantes vienen a Lima, claro. :D

Diana: ¡Bienvenida a Fenixcidio!
Conozco tu blog -que acabo de enlazar- gracias a Isi, y es un hecho que lo visitaré más seguido. Me has recreado la vista con las fotos de los libros que reseñas concisamente.
Definitivamente todos cultivamos prejuicios. Anatole France decía que "El hombre que se jacta de que no tiene prejuicio alguno, su pretensión es gran prejuicio." ;)
Me has hecho pensar en los libros de fachada -carátula- bonita que no están a la altura de su contenido; pero qué bien se lucen en nuestras estanterías, jeje.
Por acá estamos para servirnos de mutua referencia.

Gracias a todas por pasar y comentar.
Se me cuidan,
R.

Homo libris dijo...

¡Hola, R.!

Una entrada genial, como siempre, jeje.

La verdad es que siempre me he tenido por un devoralibros compulsivo. Pocos prejuicios tengo así, aunque sí existen algunos. Por ejemplo, me suelo guardar bastante de los bestsellers aunque en las garras de alguno he caído, y muchos tienen un nivel ciertamente bueno. Lo que ocurre es que cuando en un país donde no se lee demasiado todo el mundo ensalza un libro, algo raro debe de tener, digo yo.

Quitando esto, no tengo muchos reparos en leer -o releer- cuanto caiga en mis manos. Aunque sea el Tristram Shandy. :D

Un abrazo.

R. dijo...

¡Hola Homo libris!

Con tan buenos asesores que tienes (Obi, Lupi y Trotty), "devoralibros" es poco, je. Hay que ver los variados temas que tocas en tu blog y uno apuntando mentalmente.
¡Tiempo! Tiempo es lo que falta. Sobran las ganas de saber y divertirse gracias a los libros, y si es un Tristram Shandy, ¡qué mejor!

Saludos,
R.

loquemeahorro dijo...

Me lo acabo de apuntar, tu reseña me ha convencido, no sé qué tal se dará por estos pagos, voy a ver qué tal en la biblioteca.

pd. imposible leerme todos los comentarios de la entrada

loquemeahorro dijo...

Ah, los prejuicios: Pues sí, a mí tampoco me animan lo que me parecen "novelitas románticas" ni best-sellers (aunque he leído varios, y alguno no estaba mal).
Tampoco me gustan esos libros de los que habla todo el mundo como "El niño del pijama de rayos y centellas". No sé por qué.

También una portada poco afortunada me da miedito, y tengo muchos, muchos, muchos prejuicios que no puedo explicar, como intuiciones o razones muy-muy estúpidas.

El Premio Planeta está prohibido y el que además de estar a la sombra, le daba el viento (pobre hombre, qué frío) y algunos escritores que salen en las entrevistas que sorprende que no los lleven bajo palio, como Pérez Reverte o De Prada (esto ya lo sabías), o el de la Catedral del Mar, que se cree Cervantes reencarnado.

Por ejemplo: Paulo Coelho ( y sí, he leído libros de autoayuda, pero este señor no sé por qué me da parrús)

Al principio tenían su gracia, pero ahora no me leería uno de "un detective del siglo n enfrentado a un misterio que nos desvela la sociedad egipcia/medieval/loquesea".

Bueno, que al final me he leído los comentarios y que me apuntes entero el de Lammermoor.

R. dijo...

Loque:

Pues ese del niño empijamado no llama mi curiosidad ni para hojearlo. ¿Y si el atuendo de dormir del niño fuera a cuadritos, lo leerías?
He tratado de descodificar tu comentario, y ya caigo: te referías a Contra el viento, la novela de una tal Ángeles Caso. Bueno, la portada me echa para atrás, pero no sé, ni siquiera he leído la sinopsis.
Supongo que, así como he limitado la compra y lectura de los libros de Alfaguara, luego me sucederá con los Planetas, después con los Seix Barral, y al final sólo leeré Las aventuras de Lolita Galaxia. ;D
Gracias por compartir tus prejuicios.

Saludines,
R.

loquemeahorro dijo...

En realidad me refería a "La Sombra del Viento", que ya te digo que debe hacer un frío: Viento y sombra ¡Qué rasca!

De la tal Ángeles Caso (aquí es muy famosa pero quizá más por haber presentado el telediario hace muchos años), me leí hace décadas una hagiografía de Sisí que casi voy a su tumba a besarla los pies. Me parecio de lo malo, lo peor.

R. dijo...

Pero si esa novela de Carlos Ruíz Zafón tiene su gracia. La sombra del viento es uno de mis pastiches favoritos.
En cambio, El juego del ángel me supo a estafa.
Gustos son gustos.
¿De lo malo, lo peor? O_o